Un cuento de Heberto Castillo El fuerte calor de Tuxtla Gutiérrez queda atrás de las curvas del camino. El autobús de segunda clase se acerca a San Cristóbal de las Casas. Viajamos con empleados, pequeños comerciantes, estudiantes y campesinos indígenas. Tienen privilegios los “ladinos”, como llaman a los mestizos los indios tzotziles, chamulas, zeltales, choles, tojolabales y zinacantecos: las indias y los indios les ceden el asiento. Es una vieja costumbre, explica alguien. Llegamos a San Cristóbal, donde las tejas…