Heberto Castillo.

En Proceso n°606, 6 de noviembre de 1988.
La declinación de mi candidatura a la presidencia de la República y la alianza concertada entre el PMS y la Corriente Democrática (CD), firmada el 7 de junio, han producido reacciones diversas entre militantes, amigos y simpatizantes. A pesar de que el malestar del gobierno, de los partidos de la derecha y de las cúpulas empresariales muestra que la alianza causó daño al poder establecido, militantes del PMS y simpatizantes de mi candidatura han expresado disgusto.

Algunos están molestos porque su candidato a la presidencia era yo y, dicen, no aceptan otro. Otros declaran que aceptan la decisión, pero sólo por respeto a mi persona o por disciplina partidaria. Hay quienes argumentan razones políticas para fundamentar su desacuerdo.
A todos quiero decir algunas cosas con el ánimo de convencerlos para que apoyen al PMS, a nuestro candidato a la presidencia, Cuauhtémoc Cárdenas, y a todos los demás candidatos pemesistas. Se ha dicho que con la declinación el PMS perdió su perspectiva ideológica y que ha abandonado -así sea temporalmente- su afán de establecer el socialismo en nuestra patria, el socialismo a la mexicana que su candidato a la presidencia proclamaba por el país hasta hace unos días.

No toman en cuenta quienes así opinan que nosotros no prometimos en ningún momento establecer el socialismo en México mediante las elecciones. Dijimos que en este proceso electoral proponíamos una plataforma política concreta, precisa, que no considera de manera alguna tal alternativa. Y que tal cosa hubiéramos planteado y no el establecimiento del socialismo, tampoco significa el abandono de nuestra meta socialista que es, ésa sí, el socialismo a la mexicana: el que, sabemos, podremos instaurar sólo con el convencimiento de la población, a largo plazo.
Los puntos que presentamos como torales durante nuestra campaña y aun en nuestra precampaña (cuando salimos a buscar el voto en las elecciones preliminares), no son socialistas, sino puntos que precisan metas que harán de México una patria mejor, pero dentro de la estructura capitalista de economía mixta como la que vivimos. No hay un solo planteamiento en nuestras plataformas ni en nuestro programa de gobierno que pueda ser considerado como una propuesta que pase por encima de la Constitución General de los Estados Unidos Mexicanos.

Sí planteamos, es cierto, que habría propuestas al Congreso para realizar cambios a la constitución en materia laboral, agraria, urbana, de los derechos, de la mujer y del niño. La más radical quizá, la que plantea la supresión del latifundio urbano. Pero, hay que remarcar, nunca propusimos establecer el socialismo.

Nuestra alianza con la CD y con Cuauhtémoc Cárdenas no es incondicional. No se trata de la suma de nuestras fuerzas al apoyo de muchas otras organizaciones que lo tienen como candidato. Propusimos una alianza basada en principios fundamentales que han defendido el PMS y las organizaciones que unidas le dieron vida desde hace mucho tiempo. Son trece puntos programáticos, que garantizan un gobierno esencialmente igual al que proponía el candidato del PMS antes del 7 de junio. Además, el convenio establece siete compromisos políticos de largo plazo que permitirán avanzar en la tan necesaria unidad de las fuerzas progresistas y revolucionarias del país, se triunfe o no en las próximas elecciones. Un convenio así fortalece no sólo las posibilidades de alcanzar el triunfo electoral, sino las alternativas de lucha revolucionaria de nuestro pueblo.

Con esta alianza, el camino al socialismo a la mexicana se despeja, se hace más viable. Por supuesto que abrirlo, ampliarlo, conquistarlo, no es tarea -por ahora al menos no convenida- de otras organizaciones aliadas con el PMS. Llegar al socialismo en nuestra patria es tarea de las organizaciones que así lo proclaman y que así lo convengan. Y el PMS y su ex candidato lo han proclamado en todos lados desde el 4 de octubre, cuando iniciamos la campaña. Debemos decir, una vez más, que por alcanzar esa meta luchamos y lucharemos siempre.

La declinación no es claudicación, como algunos adversarios proclaman. Es asumir las responsabilidades que impone la condición de candidato que tuve gracias a las elecciones preliminares del 6 de septiembre de 1987. Es entender la realidad histórica que vive México. Es justipreciar, ponderar racionalmente, las circunstancias que vive la nación; las que vivimos hasta el 6 de septiembre fueron unas y muy otras, diferentes, las que se dieron cuando Cuauhtémoc Cárdenas salió del PRI. El PMS había hecho una elección correcta el 6 de septiembre. Pero después surgieron elementos impredecibles, que obligaron a observar acuciosamente, a escuchar con oídos muy atentos lo que pasaba en el país y a reflexionar muy profundamente.

La condición de candidato que tuve, caminando a lo largo y ancho del país una vez más en mi larga marcha, hizo posible comparar el México de ahora con el de hace 30 años, cuando menos. El contacto con las masas, con los campesinos, obreros, colonos, mujeres, jóvenes, niños mostró un rostro nacional profundamente lastimado, una conciencia irritada, una evolución del malestar general muy pronunciado. Y si fue notable el apoyo al PMS que recibimos y a nuestra candidatura, más lo fue la manifestación creciente de simpatía hacia la figura de Cuauhtémoc Cárdenas, a quien el pueblo -amigos y enemigos identificaba con Lázaro Cárdenas. Y lo identificaban con razón, porque Cuauhtémoc como político del sistema (del PRI), en el pasado reciente, fue un funcionario capaz que pudo haber cometido errores políticos, pero que no se ha manchado las manos ni con sangre ni con dinero mal habido. Y ha tenido puestos de representación popular -senador y gobernador- y también dentro del Ejecutivo, sin que nadie le haya podido demostrar desviaciones. Estos méritos -lo son en un país donde ser funcionario honrado es excepcional- se sumaron a la condición, a la imagen de ser hijo del hombre más preclaro en la política nacional de este siglo -Lázaro Cárdenas-, para hacer de Cuauhtémoc el guía que el pueblo de México requiere en su lucha por un nuevo gobierno.

Su paso por la República lo ha mostrado claramente, y esta convicción creció en mi ánimo en~ la medida que pasaba el tiempo. Y si en octubre estaba yo seguro de poder convencer al pueblo de que la alternativa era el PMS y su candidato; si entonces pensábamos que la condición de partidos que apoyan al PRI que tenían los que postulaban a Cuauhtémoc era impedimento para que el pueblo se pronunciara por su candidatura de manera cada vez más amplia, la realidad nos develó paulatinamente lo contrario: estábamos equivocados-lo que algunos ahora me reprochan-.
Por desgracia en este país los políticos no suelen equivocarse, al menos eso cree la mayoría. Pero no es mi caso.

En mayo de 1988 llegamos a la conclusión de que lo más consecuente con nuestra vida revolucionaria, de servicio al pueblo trabajador, de lealtad a nuestras convicciones, era brindar apoyo a Cuauhtémoc, no sólo partidario sino conceptual, hacerla nuestro candidato y proponerle puntos programáticos que levantaran la plataforma que hasta entonces defendía, sin hacerle perder la credibilidad que se había ganado con sus tesis y su figura vinculada directamente a los ideales revolucionarios de Lázaro Cárdenas.

Por eso, durante el mes de mayo empecé a dejar caer en mis discursos algunas frases que, para un buen observador, mostraban mi inclinación a proponer la candidatura única de Cuauhtémoc. No es cierto, como dijeron por ahí algunos reporteros, que hubiera estado jugando con la opinión pública durante ocho meses, haciéndoles creer lo que yo no creía. No, lo que hice fue consultar a la opinión pública, a través de algunos reporteros, lo que pensaría si yo tomaba una decisión como la que tomé. Eso hice con los amigos reporteros, preguntarles, sin decirles abiertamente mis propósitos. Jamás jugué con ellos en el sentido que tiene la palabra jugar. Fue una consulta diaria, sistemática, de alternativas. Y percibimos a través de ellos, de los diarios, de los dimes y diretes que se provocaban, que el mejor camino era declinar. Mejor para el pueblo y mejor para el PMS. Mejor, por supuesto, para nuestro candidato, Cuauhtémoc Cárdenas, y para la gente de noble tradición que lo rodea.

La única manera que tenía de conocer la opinión de gente desvinculada del PMS, del pueblo, respecto a una decisión como la que se dio más tarde, era promover la discusión en ese sentido. Dejar creer que estaba dispuesto a irme y más tarde rechazar esa alternativa. Hice las dos cosas en mayo y pude conocer la opinión de muchos acerca de las dos opciones. Supe así que lo mejor para el PMS, para su unidad y para su perspectiva socialista, lo mejor para México, era declinar siempre y cuando la CD y Cuauhtémoc Cárdenas aceptaran un programa mínimo de 20 puntos que garantizara al PMS su continuidad en la lucha por lograr mayor unidad y el programa básico que había ofrecido al pueblo por todo el país.

AI tomar esa decisión pensé, claro, en los cientos de miles que votaron el 6 de julio en las elecciones preliminares y en los cientos de miles que me habían apoyado y los millones que me escucharon por radio y televisión durante mi campaña. Y pensé también en todos aquellos que se quedaron en el camino luchando por las causas que yo lucho, en quienes murieron aquel 27 de octubre de 1967 cuando buscábamos apoyo económico para Genaro Vázquez -reducido entonces a la prisión-; y también en los cientos de muchachos y muchachas que cayeron el 2 de octubre de 1968 y el 1O de junio de 1971. Escuché los ecos de sus voces que coreaban consignas de libertad en las marchas heroicas de entonces. Recordé que esas voces, las que no se podrán volver a escuchar jamás, representan conciencias que entonces clamaban unidad revolucionaria para avanzar. Y las sentí representadas en tantas y tantas voces que, a lo largo de la campaña, pidieron unidad, candidato único. Y pensé que ésta era posible solamente si yo declinaba. No había otra alternativa posible. Por eso renuncié.

Y creo que nunca antes en mi vida había tomado una decisión mejor. Ninguna que, en beneficio de los revolucionarios y demócratas de México, me hiciera tanto bien. Por eso creo que mis amigos y simpatizantes deben apoyarme al apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas.
Si votan por mí en las boletas del PMS, votarán por Cárdenas. Los votos que así se sufraguen serán contabilizados a su favor. Ello porque la Comisión Federal Electoral no aceptó cambiar las boletas.

Mis compañeros del PMS deben intensificar su trabajo. El que no vaya a ser electos candidatos a diputados o senadores no es razón para dejar de actuar. Invito a todos a desarrollar la mayor actividad posible en favor de los candidatos del PMS. Ahora más que nunca debemos dejar atrás los titubeos, las dudas. Es tiempo de vencer electoralmente. Tiempo de generosidad, de entrega. Tiempo de construir una alternativa superior de lucha para el pueblo trabajador. Tiempo de forjar alianzas, de llamar a la lucha, de no preguntar de dónde vienes sino a dónde vas. De marchar juntos hacia un futuro de libertad para nuestra patria.