Heberto Castillo.

México está en grave peligro: el gobierno ha endeudado al país al extremo de que ya no alcanza siquiera para pagar los réditos; entrega todos los días 1 millón 300 mil barriles de petróleo a las naciones desarrolladas y, como esto no es sufi- ciente, cede las empresas del pueblo a los extranjeros a cambio de la deuda, y también expropia el salario de los trabajadores y empleados, pues todos recibimos ahora, como pago de nuestro trabajo, la mitad de lo que ganábamos hace 10 años.

De seguir así, pronto nuestra patria dejará de serio; todo estará en poder de capitalistas foráneos, seremos extran- jeros en nuestra propia patria; no tenemos otra, no tenemos otra nación, tenemos que defender a México.

El gobierno no hace caso de las demandas del pueblo: marchas van y marchas vienen sin que se atiendan los rec- lamos populares de obreros, campesinos, colonos, empleados, estudiantes, maestros y amas de casa. El gobierno no ve, no oye, no siente; sólo atiende los intereses y los privilegios de los poderosos, nacionales y extranjeros.

Mientras el pueblo no tome el gobierno en sus manos, no habrá solución a sus problemas, seguirá careciendo de alimento, de medicinas, casa digna, ropa, transporte, agua potable, drenaje, servicios médicos eficientes, escuelas, mercados y, sobre todo, trabajo bien remunerado. Para que haya democracia, para que no haya corrupción, para que los campesinos tengan tierra donde trabajar, los colonos casa donde vivir y todos empleo, es necesario acabar con el predominio del PRI, es necesario cambiar el gobierno por completo.

Si obtengo, primero el 6 de septiembre, tu voto para ser candidato del Partido Mexicano Socialista, y después, en las elecciones de julio de 1988 para ser presidente, se podrán resolver de raíz los grandes problemas nacionales. Si soy presidente, suspenderé primero el pago de la deuda, autorizando a la banca internacional a tomar los 70 mil millones de dólares que han depositado en ella los ex funcionarios del gobierno y los grandes empresarios; además, incautaré todos los bienes de los ex fun- cionarios ladrones. Tendrá así México recursos suficientes para impulsar la producción en el campo y en el limar, y para promover a la pequeña y mediana industria, que es la que da trabajo a la mayoría de los mexicanos.

Los 10 millones de hectáreas en disputa en el campo serán entregados a los 4 millones de campesinos que las so- licitan, y los 6 millones de lotes urbanos irregulares en sus documentos serán escriturados a quienes ahora los habitan. Los gastos que estas acciones pudieran originar pueden ser cubiertos con sólo un año de pago de intereses y de amortización de la deuda.

Tenemos tierras, costas, mares, lagos, ríos, tenemos energéticos y 10 millones de desocupados. Trabajemos organiza- dos, seamos gobierno. Por ahora, nos hace falta decisión de luchar, recordar que corre por nuestras venas sangre de héroes, que somos descendientes de Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos, Juárez, Madero y Zapata; nos hace falta convencernos de que somos capaces, como ellos, de consumar grandes hazañas. A los tímidos, a los pusilánimes, digo que ni Hidalgo ni Juárez ni Madero midieron la fuerza del adversario para lanzarse a la lucha; midieron sólo la fuerza de su razón, la justeza de su causa, que era la causa del pueblo. Lo mismo podemos hacer nosotros. Me comprometo a defender con mi vida el triunfo si, en 1988, el pueblo acude a las urnas y hace ganar al Partido Mexicano Socialista.

No pasará en 1988 lo que ocurrió con Vasconcelos en 1929, ni con Almazán en 1940, ni con Henríquez Guzmán en 1952. En 1988, el pueblo de México puede consumar la hazaña de tomar el gobierno en sus manos. Juntos, unidos, con decisión, podremos hacerlo. Piensa y actúa, organízate con nosotros; salvemos a México, juntos podremos.

Discurso proselitista transmitido por radio durante la campaña de 1988.